divendres, 5 d’abril de 2019

ÚLTIM MICRORELAT

AUTOESTIMA

Miércoles. Historia. Que bien olía la primavera, aún ahí dentro. Matemáticas. Una nube, de forma curiosa, quedó ante mi ventana. Castellano. La única en las dos horas que llevaba allí sentada. Mi móvil, a la derecha, se ilumina, y no tengo más autocontrol que para limitarme a mirar de reojo: nueva tarea para la semana que viene, y más abajo, mi amiga preguntándome cómo pagaríamos los precios de las grandes ciudades el próximo curso. La nube se mueve, quiere irse y yo con ella. Me decidí, cogí impulso y volé, volé, volé. La alcancé. Mis libros quedaban atrás y menguaban. Pero que bonitos se veían los colores del atardecer. Una vez me quedé sin fuerza, estaba ya muy lejos. Las estrellas me miraban extrañadas. Luna me recogió y me tumbé en su cráter. Después de haber estudiado su gravedad repetidas veces, comprobé lo ligera que me sentía. Se hizo tarde y tuvo que irse a trabajar. Aproveché para volver a casa, a mi silla, apuntes y bolígrafos. Nada, no había pasado nada. Solo yo había cambiado, estaba relajada, y no pasaba nada.

Ovis

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