divendres, 24 de novembre de 2017

Movimiento en paralelo


El niño prefería no mirar cuando el columpio del patio de casa comenzaba a balancearse solo. Por eso se escondía detrás de la tomatera y esperaba, como cada tarde, que dejara de moverse.
El otro niño también se tapaba los ojos cuando las ramas de aquella planta comenzaban a agitarse sin motivo aparente. Luego dejaba el columpio, salía corriendo hacia el interior de la casa y esperaba, como cada tarde, a que dejara de moverse esa maldita tomatera.

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